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La responsabilidad del Social Media futbolístico

Publicado en 21 marzo, 2013

Fútbol y Social MediaRaúl Villalba Rey, jefe de Deportes de Radio Huelva – Cadena Ser y uno de nuestros invitados a la mesa del #SMCooking sobre Fútbol y Social Media, ha querido compartir con todos los ‘cookeros’ una reflexión sobre la responsabilidad derivada del uso de las redes sociales que tienen los futbolistas como  modelos de vida para tantos aficionados.

No es nada nuevo que el fútbol mueva masas. Lo ha hecho desde casi el principio de los tiempos, cuando, en otra época, era uno de los ingredientes del ‘pan y circo’ que anestesiaba a la población. Pero el deporte, el fútbol en particular, maduró, al mismo ritmo que lo hacía la población española. Y si el balompié en nuestro país ha movido siempre a la población a un nivel no alcanzado por casi ningún otro fenómeno social, hoy en día lo sigue haciendo, inmersos ya en la era digital.

En este sentido, es innegable que las redes sociales se han convertido en el gran escaparate en el que desembarcan sin cesar instituciones deportivas de todo tipo, así como profesionales y aficionados que coinciden en este común escenario. Muy especialmente, Twitter se ha convertido en una plataforma multiusos a la que acuden infinitos perfiles de usuario. Con relación al deporte, y sobre todo al fútbol, es imposible negar la influencia que ejerce, algo palpable en cada partido de cierta importancia del que sobresalen nombres o acciones para convertirse sin reparos en temas del momento.

Estudios y más estudios trasladan cifras reales de seguidores de equipos también al medio digital, y es patente cómo las estrellas futbolísticas se sitúan en los primeros puestos de los perfiles de Twitter más seguidos. No obstante, no es necesario irse a la galaxia mundial para comprobar el tirón de los ‘cracks’, y si nos centramos en un campo más reducido, como el Recreativo de Huelva, es fácilmente constatable cómo la gran mayoría de su plantilla emplea esta red social con mayor o menor asiduidad.

No voy a entrar a valorar el uso o abuso que se hace de Twitter entre futbolistas profesionales, y, quizá lo que es más importante, aspirantes a ello: jugadores de categorías inferiores. Lo que valoro como irrenunciable es la responsabilidad que se deriva del uso de redes sociales, fruto de la proyección pública que, por la dimensión adquirida del fútbol en nuestro país, tienen estos deportistas. Hoy en día, son auténticos modelos de vida, de comportamiento y de imagen, por lo que en sus acciones públicas, ya sea dentro del campo o fuera de él, debe primar un principio de ejemplaridad que se traduzca en un compromiso propio y, en este caso, con sus seguidores, que se cuentan por miles.

Haciendo un somero análisis cualitativo, del que omitiré detalles para no herir susceptibilidades, se observan tremendos errores de imagen pública, que denotan un comportamiento que, en ocasiones, digamos simplemente que no suma puntos a su haber. Actitudes infantiles, violentas o, en general, poco deportivas, así como constantes faltas de expresión u ortografía son algunos de los pecados que quizá deberían corregir grandes deportistas, no ya por sí mismos, insisto, sino por su proyección pública, por su condición de modelos públicos que pueden ser imitados, y de hecho lo son, por seguidores de todas las edades, siendo obviamente niños y adolescentes los más receptivos a mimetizarse con sus ídolos.

No todo vale en las redes sociales. La condición de figura pública tiene que llevar aparejada una proporcionada dosis de responsabilidad. Educar a través de un tuit es posible. Y por supuesto, maleducar también. Es por ello fundamental que deportistas de toda clase y condición tomen conciencia de la relevancia que tiene cada hecho o pensamiento que difundan a través del ámbito digital. Literalmente al alcance de todo el mundo, sería conveniente pensar las cosas dos veces antes de decirlas o escribirlas, y pensarlas bien. Un gran ‘filósofo’ del siglo XX, Groucho Marx, dijo: “Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas”. Todo se reduce, en último término, a la educación.

Y en el siguiente escalón, por encima, como garantes de esta responsabilidad, deberían estar los clubes, como encargados de tomar las riendas de esta situación, y propiciar que sus trabajadores se comporten responsablemente, puesto que, de alguna forma, no solo en el campo defienden sus intereses. También en las calles, los medios de comunicación y, hoy en día enormemente, el ámbito de Internet. Los gestores sociales de este tipo de entidades deben asumir su responsabilidad como portavoces de equipos que mueven a miles y miles de aficionados, y también como educadores de quienes se agrupan para el paraguas de una gran marca.

El deporte es competición, salud, espectáculo, entretenimiento… y también tiene que ser educación. Las redes sociales han impuesto una nueva realidad que une más que nunca a deportistas y aficionados, una realidad que debe ser aprovechada por sus actores, tanto activos y pasivos, para crecer a través del deporte. Por ello, no está de más recordar la responsabilidad que los futbolistas, como figuras públicas, han adquirido, para recomendarles y desearles que la utilicen con un buen fin. Un fin, en esencia, repleto de deportividad.

 

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